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Cómo entiendo la educación

Cómo entiendo la educación

Estamos viviendo tiempos difíciles. Tiempos que nos están dando la vuelta y que nos hacen plantearnos si vivimos cómo realmente queremos o somos autómatas que vamos por la vida realizando las cosas por inercia.

Entre otras cosas y quizá porque me dedico a ello y tengo tres hijas en edad escolar,  me planteo si la comunidad educativa está dando respuestas adecuadas y cual es mi posición en todo esto, cuál es mi responsabilidad y como entiendo que la educación debe responder a las diferentes situaciones que nos vamos encontrando en la vida.

Siempre he creído que la escuela debe preparar  para la vida. Educamos para formar individuos, que puedan desenvolverse en el mundo con los mayores recursos posibles. Por ello es fundamental que seamos flexibles y que tengamos la capacidad de adaptarnos a distintas situaciones en función de las necesidades de cada uno de nuestros alumnos. También es fundamental que seamos honestos y conscientes de nuestras limitaciones, no siempre llegamos a todos , no siempre somos capaces de resolver y muchas veces necesitamos ayuda, ayuda de otros compañeros, colaboración con las familias, ayuda de otros profesionales. Estamos en continuo proceso de aprendizaje, siempre hay caminos nuevos que desconocemos y por los que podemos explorar nuevas maneras de aprender y de enseñar.

Dicho esto , hay que decir que esta pandemia nos ha puesto a todos patas arriba. Recuerdo que ya reflexioné en otra entrada sobre los efectos de la cuarentena y como nos estábamos volviendo locos con los estímulos que proporcionábamos a los niños. Ahora mi reflexión va más allá. ¿Cuál es la función de la escuela? ¿ Debe ocuparse simplemente de transmitir conocimientos? ¿ O por el contrario debe ocuparse de la formación integral de la persona? ¿ Debe la escuela adaptarse a las necesidades reales de los alumnos? ¿ O deben los alumnos adaptarse a lo que la escuela requiere de ellos?

Esta es mi opinión, sin duda, la escuela es el lugar dónde los niños deben aprender determinados conocimientos, conocimientos que están en los programas educativos, que muchos de nosotros sabemos que no se ciñen ni a las necesidades reales de los alumnos, ni respetan su nivel de maduración, pero este es otro tema. Los maestros y los equipos directivos de los centros, podemos plantearnos transmitir dichos conocimientos de muchas maneras diferentes.

Creo sinceramente que es nuestra labor educar teniendo en cuenta todos los aspectos que rodean a nuestro alumnado. Aspectos emocionales, sociales y personales.

En la situación en la que hemos empezado el curso, debemos tener muchos aspectos en cuenta. Por un lado está lo meramente práctico, hay tiempo de la jornada que se nos va en lavarnos las manos más veces de lo habitual , en explicar nuevas normas de convivencia y en aprender a utilizar los espacios de forma diferente. Todo esto es importante, no sólo para que no haya contagios sino también porque hay que transmitirles la responsabilidad de cuidarnos todos. Esto evita que enfermes tú y que enfermen los demás. También debemos tener en cuenta aspectos emocionales, no todos hemos vivido de la misma manera la cuarentena, no todos partimos del mismo nivel, porque no todos jugamos con las mismas cartas desde casa.

Ahora, al volver al  aula se debe crear el clima adecuado para que se produzca el aprendizaje. Los alumnos deben estar cómodos y el maestro también. Importan los resultados académicos, si , por supuesto que importan. Importan porque son un indicador de que hay algo que está funcionando o que no está funcionando. 

Sinceramente, para mí el resultado es ese alumno que avanza, ese alumno que disfruta en clase , ese alumno que quiere superarse. La realidad es que no todos los alumnos son brillantes académicamente hablando ¡Que fácil sería entonces todo! Hay alumnos que llevan otro ritmo, que su madurez no les permite avanzar más deprisa. Hay alumnos emocionalmente complicados y muchas veces el no saber gestionar esas emociones, hace que sus resultados no sean los deseados. Hay alumnos muy exigidos, muy autoexigentes, esa rigidez también les puede jugar malas pasadas. Hay alumnos muy poco motivados hacia el aprendizaje. Muchos tipos diferentes dentro de un aula. La escuela tiene que tener respuesta para todos ellos. Tiene que ocuparse de todos ellos.

También creo que la escuela tiene que buscar un equilibrio en las materias que se dan. Si el fin último es la formación integral de la persona, no sólo nos tenemos que ocupar de las materias «importantes», esta claro que la lectura, la escritura, el calculo , el pensamiento lógico, las ciencias entre otras son esenciales para desenvolvernos y entender el mundo que nos rodea. Pero , qué pasa con el arte, con la expresión plástica, con la música y la expresión corporal, con la dramatización, con el deporte… Esas materias que siempre hemos puesto en un segundo lugar  yo las encuentro fundamentales. Creo sinceramente que dotar a nuestros alumnos con la posibilidad de otras formas de expresión y de creatividad les puede abrir muchas posibilidades en un futuro. Y por eso creo que esas formas de expresión deben estar integradas en todas las áreas de conocimiento.

Me llena de tristeza encontrarme con personas que entiende la escuela de otra forma, centros en los que prima el resultado académico por encima del bienestar y de la formación de la persona. No me entendáis mal, creo que todos los alumnos deben dar todo lo que puedan de si mismos y eso les debemos exigir. Pero profundicemos en la persona para que nos lo puedan dar.

Hay muchas formas distintas de aprender y muchas formas distintas de enseñar.

 

Cuando fui tu maestra

Cuando fui tu maestra

Todos sabemos que la maternidad te cambia, tu vida da un giro, al principio no eres muy consciente, al menos, yo no lo era, pero poco a poco te das cuenta que tus prioridades han cambiado, que el peso de la responsabilidad te pesa sobre los hombros, no te puedes parar, la vida sigue, ellos crecen, van cumpliendo etapas y tu tienes que acompañarles.

Muchos aspectos de mi vida cambiaron con la llegada de mis hijas, mis horarios, algunos de mis hábitos, las relaciones con mis amigos, con mi familia, con mi marido…

En mi caso, también cambio de forma muy significativa la manera de entender mi trabajo. La manera de ver a mis alumnos y la manera de entender a sus padres.

Cuando llegó el momento de escolarizar a mi hija mayor, no sé, si con acierto o no, decidimos que se incorporara en el centro donde yo trabajaba. Eso supuso que yo fui su maestra, ya que el colegio solo tenía una línea y yo era la profesora de tres años. Tenía  bastante experiencia en ese curso, pero no podía ni imaginar lo que se me venía encima.

La niña, lejos de sentirse mejor por estar con su madre, no entendía nada. No comprendía porque me tenía que compartir con todos aquellos niños, porque su madre de repente era su maestra , se pasaba el día llorando y llamando la atención , comenzó a tener mucha ansiedad, siempre fue una niña inquieta y con carácter, pero era obediente y responsable.

Me descolocó mucho esa reacción y me sentía muy frustrada por no poder conseguir que mi hija se adaptara como los demás niños, además de sentirme juzgada por algunas de mis compañeras. Yo, no lo hice bien, la exigía el doble y nuestra relación se deterioró mucho durante ese curso. Mis compañeras me aseguraban que al pasar de curso y cambiar de maestra todo iría mejor. estaba deseando que llegase ese momento, sin embargo,tampoco en los cursos siguientes logro adaptarse , hasta que  llegó a Primaria, yo creo que no empezó a disfrutar del colegio. Y me atrevería a decir que cambió su forma de ser, fue una experiencia que marcó su vida, aunque debo decir que ella lo recuerda como algo positivo y continúa diciendo que le encantaría estar en mi clase.

Esta experiencia , me marcó de tal forma que creo que nunca he vuelto a ser la misma maestra, creo que nunca he vuelto a juzgar ni a unos padres ni a un niño. Me di cuenta que antes de esto cuando un niño no se adaptaba al aula, no cumplía las normas … siempre echaba balones fuera y pensaba que era porque estaba muy mimado, no tenía límites en casa y cosas similares. Es posible que en algunos casos sea así, pero desde que intento descubrir el porqué del comportamiento en el aula en función de lo que sucede en ella y no fuera , creo que todos funcionamos mucho mejor. Creo que mi hija me enseñó mucho más que yo a ella, me enseñó que las cosas no siempre están bajo control, que los niños no actúan siempre según lo esperado, que muchas veces tenemos que ser humildes , darnos cuenta de nuestros errores y cambiar nuestra forma de actuar. Lo importante en nuestra profesión, no es demostrar lo buenos maestros que somos y todas las cosas creativas que sabemos hacer… es transmitir a nuestros alumnos que son capaces, que se sientan aceptados tal y como son , ayudarles a descubrir el mundo y los aprendizajes desde las particularidades de cada uno. Mi hija vivía una situación especial y yo, como su maestra que era tenía que haber comprendido y la tenía que haber ayudado a superarla.

Dos años más tarde , volví a pasar por la misma situación con mi hija mediana. Me generaba mucha tensión, pensar que tenía que volver a vivir la misma experiencia. Sin embargo el curso  fue mucho mejor, quizá yo había aprendido algo de la ocasión anterior y estaba algo más relajada, dejando pasar por alto algunas cosas. También , claro está, influye la personalidad de la niña, mi hija mediana siempre ha sido más independiente y con más habilidades sociales que la mayor. Ella deseaba formar parte del grupo como uno más y así se comportaba. Aún así vivimos situaciones complicadas y yo estaba deseando que terminase el curso.

Repetí experiencia con mi hija pequeña a los pocos años. Tuvimos momentos duros, pero lo superamos. Yo, cada vez más consciente y tratando de comprender el porqué de su forma de actuar, como haría con cualquier alumno que pase por mi aula. Ella tiene una personalidad abierta y colaboradora y eso ayudó.

Lo que no sabía es que la vida nos iba a hacer repetir. El curso pasado, primer curso del Colegio Ingenio, he llevado Infantil. Hemos arrancado con pocos alumnos y en el aula me he encontrado con alumnos de 3, 4 y 5 años. Entre los de 5 estaba mi hija. El curso ha sido complicado , aunque lo he disfrutado mucho y lo he llevado con muchas ganas, atender a las necesidades de cada uno de ellos teniendo en cuenta el momento evolutivo y del desarrollo que le corresponde, no ha sido fácil. También he vivido momentos duros con ella, pero lo hemos llevado bastante bien, he notado que la situación cambia según se van haciendo mayores, comprenden mejor la situación y la adaptación es más fácil. Durante este curso he fomentado su rol de mayor en el grupo, eran los de cinco los encargados de hacer recados y de ayudarme en muchas ocasiones con los más pequeños. Fomentando así su autonomía.

La realidad es que por bien que se lleve, la relación se complica , todos necesitamos nuestro espacio y compartir aula y casa  a veces es demasiado intenso.

Pero como todo en la vida, también tiene su parte positiva. Guardo recuerdos imborrables y miles anécdotas divertidas de cada una de ellas. Además creo conocer perfectamente como se comportan y como se enfrentan  a diferentes situaciones de aprendizaje y sociales, puesto que conozco su rol en la escuela de primera mano.

Como maestra , sin duda ha sido la experiencia que más me ha marcado. Enseñándome a resolver situaciones de conflicto en el aula, a comprender que cada uno de los integrantes del grupo son mis alumnos y tengo que tratar de llegar a ellos y eso a veces pasa por cometer errores y no pasa nada por rectificar . También a comprender que la misma situación no siempre se resuelve de la misma manera, depende de las características del grupo, de la personalidad del alumno . También he aprendido a relajarme, no autoexigirme tanto, quizá esto ha sido lo más difícil.

Día del libro

Día del libro

Hoy es el Día del Libro.

Esta entrada la comencé a escribir hace un año exacto. Pero no fui capaz de terminarla. Me ha costado saber que es lo que quería contar sobre este tema tan rico y con tantas posibilidades.

Voy a tratar de explicar cómo trabajo el hábito de lectura y el amor por los libros tanto en casa como en el aula.

Se celebran muchos días, de muchas cosas y muy interesantes e importantes. Sin embargo, tengo especial predilección por este. Me gusta celebrar este día, sobre todo con mis alumnos. Siempre les digo que los libros nos enseñan todo, que gracias a ellos podemos acceder a diferentes mundos y podemos aprender aquello que nos interese, nos despiertan la mente y el ansia de saber.

Muchas personas me preguntan sí mis hijas son lectoras y qué hago para fomentar la lectura. Parece una pregunta fácil y sin embargo me cuesta responder. Mis hijas son grandes lectoras pero no estoy segura de saber explicar exactamente porque lo son. Sin duda el colegio y sus maestras tienen mucho que ver.

Soy lectora desde niña. Siempre me gustó enormemente la sensación de comenzar un nuevo libro.
Crecí en una casa llena de libros, mis padres han sido y son ávidos lectores al igual que mis hermanos, todos leemos, en nuestras cartas de Reyes y deseos de cumpleaños, siempre se encuentran unos cuantos libros.

Nunca me planteé no leer, me imagino que mi amor por los libros y mi hábito de lectura han sido unas conductas adquiridas , desde bien temprano, por imitación, cómo bien decía el anuncio, “ si tú lees, ellos leen”

Recuerdo que mi madre, siempre ha contado, que a nosotros desde bebés, en el parque con el resto de juguetes, nos metía algún libro. Cosa que yo también he hecho con mis hijas.

También recuerdo a mi madre planchando, y yo leyendo en voz alta los libros del cole, eran del Barco de Vapor, recuerdo dos en especial, El Pampinoplas y Cucho. Menuda paciencia, yo no tenía un don especial para leer , es más, me costaba bastante, silabeaba y la entonación era bastante monótona. Tuve mis problemillas de aprendizaje, dislexia, muchas palabras leídas de otra forma y no os cuento sobre la escritura, faltas de ortografía…gracias a mi perseverancia y a mis ganas de leer he llegado donde estoy. Tampoco soy directora de una multinacional, pero a mí me vale.

Mis hijas, efectivamente son grandes lectoras. Siguiendo los consejos de mi madre, desde bien pequeñas entre sus juguetes siempre había algún libro. Ninguna ha sido una gran comedora, había que entretenerlas para comer, siempre hemos utilizado cuentos y libros para ello. Teníamos una pila de cuentos en la cocina, cerca de su trona que desfilaban a la hora de comer, algunos con manchas de papilla por todas partes. Es curioso, me daba pena ver los libros destrozados y sin embargo , pensaba están cumpliendo su función, están entreteniendo y enseñando a su dueña. Esto sólo lo hemos hecho mientras no eran autónomas, una vez que han empezado a comer de todo y solas se han incorporado a la mesa como uno más y ni cuentos, ni juguetes.

Les he leído cuentos, pero no han sido una rutina habitual, en una hora concreta del día,lo he hecho cuando me lo han pedido. Desde bien pequeñas se han entretenido ellas solas hojeando los libros. Una vez que han interiorizado el proceso de lectura, sí he pasado ratos leyendo con ellas, tampoco lo hemos hecho como rutina.

La mayor de mis hijas, en seguida comenzó a engancharse con los libros. Quizá tuvo que ver que sus amigas también habían comenzado a leer con mucho entusiasmo , pronto comenzaron a intercambiar libros y a recomendarse. Por supuesto la labor de sus maestras en primero y segundo de primaria, fue fundamental. Despertaron en ella no solo las ganas de leer, sino algo fundamental, el amor por la literatura y por realizar una lectura comprensiva y de calidad. Comenzó a leer por las noches antes de dormir, hay noches que tengo que decirle varias veces que lo deje, que tiene que madrugar…

La mediana, también es una gran lectora. Quizá le cuesta un poco más engancharse a los libros. Pero disfruta de una buen lectura y tampoco perdona una noche. Gozó también de buenas maestras y ama los libros y las buenas historias.

La pequeña, todavía no sabe leer, está en ello. pero disfruta mucho con los cuentos y tampoco perdona una noche sin hojear dos o tres cuentos antes de dormir. A veces sus hermanas le leen alguno. Estoy convencida que va a ser una gran lectora.

En mi aula , suelo tener mis cuentos en una estantería, ellos saben que esos no los pueden coger libremente. Sin embargo cada mes , preparo una selección de cuentos, acorde con el tema que estamos tratando , y les permito hojearlos y manipularlos un rato cada día.

Suelo comenzar la actividad , nada más llegar, contando un cuento o dos. Por supuesto los cuentos que ellos puedan aportar de sus casas, siempre son bienvenidos y trato de encontrar el momento para leerlos o para que nos los cuenten ellos.

Además suelo tener una librería con cuentos a su alcance que pueden ver siempre que quieran y puedan.

Una vez a la semana vamos a la biblioteca del cole. Yo le explico qué es una biblioteca, que allí hay que estar en silencio, y podemos coger los cuentos que nos apetezca, los vemos y luego los cambiamos por otro. Así pasamos un rato, hasta que veo que la actividad les cansa. Luego solemos decir cada uno qué cuento nos ha gustado más y por qué. Durante ese rato, yo trato de estar viendo libros también. Hay que predicar con el ejemplo.

A veces también , les he organizado, unos cuantos rincones con diferentes libros, por ejemplo, un rincón con libros de los sentidos, otro con cuentos tradicionales, otro con libros de la naturaleza…pongo música clásica y por grupos tienen que ir rotando por los diferentes rincones.

 

En conclusión , creo que la clave para hacer una buena animación a la lectura está en permitir manipular los libros. Creo que los libros tienen que formar parte de su entorno desde que nacen, y tienen que manipularlos desde pequeños, tiene que ser parte de su cotidianidad .

Otro factor que creo importante es el ejemplo , no puedes pretender que tus hijos sean grandes lectores si no te han visto coger un libro nunca, si en tu casa no hay libros, ni ambiente lector.

He de decir que transmitir el amor por los libros es una de las labores más bonitas que realizo cada día y creo que una de las más importantes.

Feliz Día del Libro.

 

 

 

 

Tiempos difíciles

Tiempos difíciles

Aquí estoy, después de casi un año me decido a escribir de nuevo.

Lo cierto es que he tenido el impulso de escribir unas cuantas veces, pero los acontecimientos laborales que he vivido los últimos tiempos, han sido tan intensos y especiales que no he sido capaz de plasmar todo aquello que me habría gustado transmitir.

Para poneros en antecedente, por si hay algún despistado, el colegio en el que he trabajado los últimos quince años, El Colegio Estilo, ha cerrado, ha sido un proceso largo y penoso. He tratado por todos los medios que este tema influyera lo menos posible tanto a mis alumnos como a mis hijas ( escolarizadas en dicho centro).

Casi sin pensarlo y gracias al empuje de algunos de mis compañeros, hemos abierto otro centro, El Colegio Ingenio. Este ha sido un proceso duro y cansado, pero precioso y emocionante.

Básicamente este ha sido el motivo de parar de escribir.

Y los acontecimientos que estamos viviendo a nivel mundial, esta cuarentena, este Coronavirus que nos ha trastocado a todos, es el motivo de mi vuelta al blog.

A ver si soy capaz de ordenar todas las ideas que se agolpan en mi cabeza. Algunas ya las he leído por ahí, y es que son cosas de sentido común, cada vez estoy más convencida que carecemos de dicho sentido.

¡Nos hemos vuelto locos!

Es alucinante la cantidad de propuestas que nos llegan para entretener a los niños, me canso sólo de pensar el estrés que les transmitimos con tanta estimulación, cuando vamos a darnos cuentas que uno de los grandes males de nuestro tiempo, el estrés, se lo estamos trasmitiendo los adultos a los niños casi desde que nacen. Tenemos que dejarles, que se aburran, que inventen, que creen, que investiguen. Cuando les ofrecemos tantos recursos de alguna manera estamos cortando su creatividad.

Entendedme, todo en su justa medida, muchas veces, está bien proponerles actividades y realizarlas con ell@s, de esta forma creas lazos . Pero es importante que no tengan todo su tiempo pautado. Deben sacarse las castañas del fuego, deben tomar sus propias decisiones, en la medida de lo posible, respecto a cómo desean ocupar su tiempo. Para mí ,no hay nada más maravilloso que verlas jugar, inventar y disfrutar de su tiempo. Sólo cuando ellas demandan alguna actividad que necesiten y quieran  realizar conmigo intervengo. Hablo del tiempo de ocio, por supuesto.

Se nos olvida, que una gran parte de la jornada , al menos en Educación Infantil, debería estar dedicada a juego libre. Juego libre quiere decir sin intervención del adulto, sin pautas establecidas. Es decir, el niño decide a lo que se quiere dedicar en ese espacio de tiempo. Este tema da para mucho, ya que es fundamental para el desarrollo del niño tener esos espacios. Prometo intentar escribir sobre ello en breve.

¿Entonces por qué  nos hemos vuelto locos? ¿ Por qué estamos obsesionados con entretener a los niños, con ocupar todo su espacio con actividades dirigidas?

Esta claro que estamos viviendo una situación agobiante, desconcertante, terrible. No estábamos en absoluto preparados. Y todos tratamos de ayudar a los demás aportando , cada uno, lo que sabe hacer o lo que puede dar y eso está muy bien.  Pero a algunos nos ha generado una sensación agobiante.

Este es mi punto de vista , la vida, de alguna manera nos ha dicho, PARA. Quédate en tu casa, no salgas, no tengas reuniones sociales. Aprovechemos esta oportunidad para parar de verdad, soy consciente que es muy difícil, yo todavía no lo he conseguido. Pero si observo que la convivencia a medida que pasan los días es más fácil.

Es importante, crear algunas rutinas y algunas normas de convivencia. De repente nuestra forma de vida ha cambiado, hay que establecer nuevos códigos en casa.

Sin embargo, hay algo que no podemos parar, algunas obligaciones que tenemos que cumplir, los adultos tenemos que seguir trabajando desde nuestras casas , en algunos casos difícil tarea, los niños deben seguir con sus actividades lectivas.

Debemos  relajarnos , es evidente que no podemos con todo. Ni los maestr@s,  ni los padres en casa , podemos pretender reproducir lo que hacemos en el colegio. Tenemos que buscar nuevas estrategias. Adaptar nuestras propuestas a la situación. Hay familias absolutamente desbordadas , debemos prestarles ayuda, no agobiarles más. Las escuelas tienen que dar respuesta acertada al momento vital de sus alumnos. Deben de ser conscientes de las condiciones reales que se están viviendo en las casas. Por lo tanto, los maestr@s deben ser ahora más que nunca apoyo emocional para sus alumn@s. Tenemos que estar presentes , somos figuras de referencia para ell@s.  Hagamos un esfuerzo, me consta que muchos lo estamos haciendo, e intentemos buscar actividades que les puedan resultar atractivas,  que puedan realizar de forma autónoma , que resulten fáciles para los adultos que están con ellos ya que es muy probable que no puedan prestarles la atención deseada. No pasa nada si no avanzan en contenidos, les queda una hermosa vida por delante para aprender.

El mundo se ha parado, creo que nuestros niñ@s no serán peores personas, ni tendrán menos oportunidades si  en lugar de aprender (los contenidos establecidos) ahora , los aprenden dentro de unos meses, incluso dentro de un año. Pero creo que si no atendemos a las necesidades emocionales y del alma de nuestros niñ@s las secuelas si pueden ser irreversibles.

 

 

Mi Vocación

Mi Vocación

Tenía muchas ganas de escribir sobre mi vocación de maestra.

Tema, aunque no lo parezca , complicado. ¿Cómo expresar todo lo que me ha llevado a ser MAESTRA ?

Según la Real Academia, vocación es, inclinación a un estado, una profesión o una carrera.

Sinceramente, tratándose de enseñar, creo que se queda corta la definición, es algo más que una simple “ inclinación “

Todavía no recuerdo  en qué momento decidí que quería dedicarme a la enseñanza. De pequeña, admiraba a mis maestras, prestaba atención a todo lo que hacían, cómo nos hablaban, cómo explicaban, cómo se movían por la clase, cómo reñían… al llegar a casa sentaba a mis muñecos en mi habitación, ellos eran mis alumnos y con una pizarra que me trajeron un año los Reyes Magos, me dedicaba a dar “mi clase” , imitando todo aquello que había vivido durante la jornada escolar. 

Nunca fui una alumna brillante, me costaba mucho esfuerzo y trabajo aprobar los cursos, según fui creciendo todo era más complicado. Pero tenía una meta, un objetivo, una motivación, quería ser MAESTRA, quería ayudar en un futuro a niños que no fueran brillantes.

Con mucho tesón, terminé mis estudios. Tenía que elegir Universidad, lo tenía claro. Quería hacer Educación Primaria. Así fue, me matriculé  en ESCUNI, fueron años desconcertantes. La verdad que no aprendí nada de lo que esperaba aprender. Quizá alguna asignatura o algún profesor un poco más especial dejaron alguna huella. Me llamaba mucho la atención que la mayoría de mis compañeros habían elegido esta carrera porque no les daba la media para otra cosa, porque habían oído que era fácil, etc. Pocos eran los que la habían elegido con la ilusión de ejercer en un futuro la labor docente. Este tema me indigna ¿Cómo es posible que una profesión que influye tanto en el futuro de la sociedad, esté tan poco cuidada y valorada? 

Soy una persona tímida, tengo bastante miedo escénico y me cuesta bastante exponerme a los demás, muchas de las asignaturas de la carrera, se evaluaban a través de un trabajo en grupo que había que exponer al resto de la clase, recuerdo que yo siempre intentaba exponer lo menos posible, algunos compañeros , me decían que nunca podría ser una buena maestra con ese miedo escénico, yo estaba segura de mi vocación.

Durante mis prácticas en tercero de carrera, tuve que ocuparme de una clase durante unos días, mi tutora de prácticas se había puesto enferma. Fue un desastre, el primer día salí llorando amargamente, es la única vez en mi vida que he dudado de mi vocación, sin embargo, al calmarme y recapacitar, me di cuenta que me quedaba mucho camino por recorrer. Ilusión y ganas no me faltaban y creo que no me han faltado nunca, sólo me quedaba ganar experiencia y seguir ampliando conocimiento.

Terminé la carrera. Trabajé en Primaria durante un año y luego di tumbos. Clases extra escolares, particulares…hasta que caí en el centro en el que llevo trabajando los últimos catorce años. Allí necesitaban una maestra de Infantil, me saqué la especialidad mientras trabajaba el primer curso con ellos.

Descubrí que los pequeños de Infantil me gustan tanto o más que los de Primaria. Se me abrió un mundo de posibilidades. Empecé a darme cuenta todas las cosas importantísimas que podemos y debemos trabajar en Infantil para sentar una buena base, empecé a darme cuenta que  soy y he sido la primera maestra de muchos alumnos, que eso conlleva una alta responsabilidad, que debo crear con ellos un vínculo, que deben sentirse queridos, respetados y aceptados, sea cuales sean sus características, que no deben ver la escuela como un lugar hostil, si no cómo su segundo hogar donde puedan expresarse de todas las formas posibles. También me di cuenta que una maestra nunca deja de formarse y de investigar nuevos caminos para transmitir y llegar a sus alumnos. Que no hay niños tipo, que cada uno , responde y actúa de forma diferente dependiendo de muchos factores. Tampoco hay dos grupos iguales. Cada uno establece unas normas y unos códigos de relación distintos con la maestra y los compañeros . Que no sólo los niños se tienen que adaptar , el adulto también tiene que hacer una adaptación al comenzar a trabajar para que el trabajo de sus frutos .

Podría seguir sacando conclusiones de mi labor docente, pero me temo que esto se haría muy largo. Sólo puedo estar agradecida, tenía una meta, un sueño y lo he cumplido.

Mil gracias a todos los alumnos que han pasado por mis manos, no se pueden imaginar todo lo que me han enseñado y me siguen enseñando

Mil gracias a todas mis compañeras me han enseñado modelos que seguir y modelos en los que no quiero verme reflejada.

Mil gracias a todos los centros que he tenido la suerte de conocer y en especial a mi centro de trabajo. Me ha permitido crecer y aprender como maestra.